jueves, 27 de abril de 2017

Que no te atrapen los suspiros.


Los suspiros me atraparon en la cercanía de un día oscuro y amargo.
Y ahí mis ojos no se atrevieron a cerrarse por el cansancio de una noche tibia.
Lo hicieron porque quisieron ayudarme a reconstruir mi memoria ante lo maltrecha que es la vida.

Es ahí en donde me detengo en una solemne pausa.
Como queriendo detener en un momento toda mi vida.
Descubro que no es tan malo el juntar unas cuantas décadas en el conteo fugaz de tus manos.
Nunca será afanoso el solo querer colorear de juventudes tu cabello canoso. 

Qué importa que al correr, ahora el corazón se agite como cuando por primera vez amaste y tenías veinte.
Lo que más vale la pena ahora es que el baúl de recuerdos está repleto de momentos.

Tal vez algunos fueron pesadillas que atravesaron tu amor dejando cicatrices profundas. 
Pero estoy seguro que la mayoría de ellos fueron momentos irrepetibles y grandiosos. 
Esos hermosos recuerdos siempre serán un hermoso regalo envuelto en travesuras fantásticas.

Nunca más supe más de ti.
Si en algún momento realmente pudiste conquistar al mundo con tu sonrisa.
O si solo terminaste dando tumbos y vagando 
por los callejones miserables de las desdichas.

Yo aquí seguiré, regordete, porque así se me antoja por ahora vivir mi vida. 
Disfrutando amarme por siempre.
Con el mejor ingenio, inventando cómo hacerle para poder tenerte.
Y no tener que morir en el aburrimiento solemne de una vida triste atrapa en los suspiros de un día amargo y triste.

Poesía 
Miguel Adame Vázquez.
27/04/2017.





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